“… Continué y destruí cada recuerdo concreto porque ya no
te quiero encontrar en mis rincones, menos en mis
sueños y es por eso que estás donde ya no te busco y
ahora busco mi felicidad.”
— Julio Cortázar
Tiempo de estar en paz.
“Hoy pensé mucho en vos, me gusta hacer autopsias de mi historia… Lloré al
ver que complicado estaba convirtiendo todo por mis miedos, lloré por esperar lo que nunca llegó, lloré por cada vez que nos alejábamos, lloré por los errores…Y si pongo en una balanza los buenos recuerdos y las heridas que quedaron…Quiero aferrarme a los recuerdos que me lastiman, para poder alejarme, tirarte al pasado, pero siempre se asoma uno de los buenos, y me lo hacen todo tan difícil…”
NO PUEDO CONVENCERME
Lo
veo tan claro ahora, tan claro, que me averguenza no haberlo descubierto antes.
Cuando abriste una distancia entre nosotros, cuando estableciste un silencio que solamente vos podías quebrar (Porque yo no tenia los hilos; por primera vez no manejaba los hilos y me dejaba llevar de la mano como una adolescente crédula y esperanzada), cuando me impusiste el olvido... no me lo estabas haciendo " a mi". No.
Se lo estabas haciendo a una mujer que enamoraste porque sí, porque se te dio la gana.
Y yo lloraba, y yo sufría, preguntándome por qué a mi, por qué, por qué.
Te acusaba de no haberte dado cuenta del miedo que me provocaba tu actitud.
Un miedo de animalito acorralado, golpeado muchas veces y muchas veces escapado sin rumbo. No sé en que recoveco del camino me encontraste, ni con que ojos de asombro te miré, ni que milagro de que santo te inventé en las manos.
Pero en el arenal brotó una fuente, y al lado de la fuente creció una planta, y la planta dio una rosa. Yo corté la rosa y su olor perfumo el mundo. ¿Pero cuanto duro?. No, no lo pensé al cortarla.
Tal vez erróneamente creí que las rosas duraban para siempre, le inventé eternos pétalos y me la ofrecí a mi misma con candor de chiquilla.
Vos sabías, sin embargo, cuanto duran las rosas. Sólo que no dijiste. No, yo no te pregunte, no tenías una obligación de decirlo.
No juraste, no hiciste promesas, no me ofreciste nada.
Viviste con esplendor y con belleza un amor pequeñito.
Y ese esplendor me hizo pensar en siempre.
Y esa belleza me pareció sinónimo de eternidad, de profundidad.
Y ese amor pequeñito me pareció gigante.
La culpa fue de mi soledad; necesitaba creer en alguien, necesitaba enamorarme.
¿Si no hubieras sido vos? ¿Me hubiera enamorado de otro de todos modos?¿O HUBIERA CONTINUADO BUSCANDO Y BUSCANDO HASTA ENCONTRARTE, AL FIN?
No pienses que estoy haciéndote reproches. Oh, que torpe, como si alguna vez pensaras algo de mi. Como si te importara lo que escribo,
Fue un amor muy pequeño, y un olvido porfiado.
Fue un amor de juguete y un llanto desbordado.
Fue un amor pasajero en un tren detenido.
Fue un amor como un globo perdido en un plaza.
Eso, en la realidad. Pero cuando lo extraño, se convierte en un amor-alud, un amor-viento que va encendiendo rosas en los campos, en un amor-río que deja peces de oro en sus margenes, en un amor-verano que hace dulces frutas.
Cuando abriste una distancia entre nosotros, cuando estableciste un silencio que solamente vos podías quebrar (Porque yo no tenia los hilos; por primera vez no manejaba los hilos y me dejaba llevar de la mano como una adolescente crédula y esperanzada), cuando me impusiste el olvido... no me lo estabas haciendo " a mi". No.
Se lo estabas haciendo a una mujer que enamoraste porque sí, porque se te dio la gana.
Y yo lloraba, y yo sufría, preguntándome por qué a mi, por qué, por qué.
Te acusaba de no haberte dado cuenta del miedo que me provocaba tu actitud.
Un miedo de animalito acorralado, golpeado muchas veces y muchas veces escapado sin rumbo. No sé en que recoveco del camino me encontraste, ni con que ojos de asombro te miré, ni que milagro de que santo te inventé en las manos.
Pero en el arenal brotó una fuente, y al lado de la fuente creció una planta, y la planta dio una rosa. Yo corté la rosa y su olor perfumo el mundo. ¿Pero cuanto duro?. No, no lo pensé al cortarla.
Tal vez erróneamente creí que las rosas duraban para siempre, le inventé eternos pétalos y me la ofrecí a mi misma con candor de chiquilla.
Vos sabías, sin embargo, cuanto duran las rosas. Sólo que no dijiste. No, yo no te pregunte, no tenías una obligación de decirlo.
No juraste, no hiciste promesas, no me ofreciste nada.
Viviste con esplendor y con belleza un amor pequeñito.
Y ese esplendor me hizo pensar en siempre.
Y esa belleza me pareció sinónimo de eternidad, de profundidad.
Y ese amor pequeñito me pareció gigante.
La culpa fue de mi soledad; necesitaba creer en alguien, necesitaba enamorarme.
¿Si no hubieras sido vos? ¿Me hubiera enamorado de otro de todos modos?¿O HUBIERA CONTINUADO BUSCANDO Y BUSCANDO HASTA ENCONTRARTE, AL FIN?
No pienses que estoy haciéndote reproches. Oh, que torpe, como si alguna vez pensaras algo de mi. Como si te importara lo que escribo,
Fue un amor muy pequeño, y un olvido porfiado.
Fue un amor de juguete y un llanto desbordado.
Fue un amor pasajero en un tren detenido.
Fue un amor como un globo perdido en un plaza.
Eso, en la realidad. Pero cuando lo extraño, se convierte en un amor-alud, un amor-viento que va encendiendo rosas en los campos, en un amor-río que deja peces de oro en sus margenes, en un amor-verano que hace dulces frutas.
"Uno intenta – como puede – sonreír, demostrar que se encuentra bien y que todo pasará. Racionaliza la situación y seca las lágrimas. Se hace a la idea de que nada es eterno y mucho menos seguro – sólo la muerte -, pero no olvida…y es obvio que no olvidará, porque se quiere con la mente, las emociones, los procesos fisiológicos, los procesos mentales, el corazón, el hígado, la piel, los labios, la nariz, los ojos…y hasta el alma; cuando de verdad se quiere, se quiere hasta el alma, y uno intenta tontamente olvidar…" (Malaci)
Disculpa las ganas inquietas, no tengo ánimos para pensarte. El viento sopla fuerte y yo quiero ir con él; a donde sea, a donde él quiera.
¿A qué vienes ahora? No ves que ya no estoy, que ya no soy. Ya no hay manías que me amarren a tus piernas, me siento libre, fuerte, potente. Me siento yo de nuevo. Mi león me acompaña y yo le acompaño, llevo café en los bolsillos y sonrisas en los labios. ¿A qué vienes ahora? No te estanques, sigue caminando. Ya no es la hora, ni el momento. Despidámonos que ya no somos, no.
Malaci (María Mil Manías)
Me voy para no volver jamás. Iré donde no pueda perseguirme el dolor y desengaño. Jamás pensé, ni en el delirio inmenso de mi dolor, que nuestro amor tendría un fin así. Mi pluma tiembla en la mano de rubor, mi corazón llora con el llanto de un criminal cobarde ante el patíbulo. No sé de mi existencia más que por un profundo sentimiento de hastío. ¡Sí, me voy. Ya no espero nada! Seré un autómata, seré una miserable ruina ambulante, seré una maldición viva.
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