NO PUEDO CONVENCERME
Lo
veo tan claro ahora, tan claro, que me averguenza no haberlo descubierto antes.
Cuando abriste una distancia entre nosotros, cuando estableciste un silencio que solamente vos podías quebrar (Porque yo no tenia los hilos; por primera vez no manejaba los hilos y me dejaba llevar de la mano como una adolescente crédula y esperanzada), cuando me impusiste el olvido... no me lo estabas haciendo " a mi". No.
Se lo estabas haciendo a una mujer que enamoraste porque sí, porque se te dio la gana.
Y yo lloraba, y yo sufría, preguntándome por qué a mi, por qué, por qué.
Te acusaba de no haberte dado cuenta del miedo que me provocaba tu actitud.
Un miedo de animalito acorralado, golpeado muchas veces y muchas veces escapado sin rumbo. No sé en que recoveco del camino me encontraste, ni con que ojos de asombro te miré, ni que milagro de que santo te inventé en las manos.
Pero en el arenal brotó una fuente, y al lado de la fuente creció una planta, y la planta dio una rosa. Yo corté la rosa y su olor perfumo el mundo. ¿Pero cuanto duro?. No, no lo pensé al cortarla.
Tal vez erróneamente creí que las rosas duraban para siempre, le inventé eternos pétalos y me la ofrecí a mi misma con candor de chiquilla.
Vos sabías, sin embargo, cuanto duran las rosas. Sólo que no dijiste. No, yo no te pregunte, no tenías una obligación de decirlo.
No juraste, no hiciste promesas, no me ofreciste nada.
Viviste con esplendor y con belleza un amor pequeñito.
Y ese esplendor me hizo pensar en siempre.
Y esa belleza me pareció sinónimo de eternidad, de profundidad.
Y ese amor pequeñito me pareció gigante.
La culpa fue de mi soledad; necesitaba creer en alguien, necesitaba enamorarme.
¿Si no hubieras sido vos? ¿Me hubiera enamorado de otro de todos modos?¿O HUBIERA CONTINUADO BUSCANDO Y BUSCANDO HASTA ENCONTRARTE, AL FIN?
No pienses que estoy haciéndote reproches. Oh, que torpe, como si alguna vez pensaras algo de mi. Como si te importara lo que escribo,
Fue un amor muy pequeño, y un olvido porfiado.
Fue un amor de juguete y un llanto desbordado.
Fue un amor pasajero en un tren detenido.
Fue un amor como un globo perdido en un plaza.
Eso, en la realidad. Pero cuando lo extraño, se convierte en un amor-alud, un amor-viento que va encendiendo rosas en los campos, en un amor-río que deja peces de oro en sus margenes, en un amor-verano que hace dulces frutas.
Cuando abriste una distancia entre nosotros, cuando estableciste un silencio que solamente vos podías quebrar (Porque yo no tenia los hilos; por primera vez no manejaba los hilos y me dejaba llevar de la mano como una adolescente crédula y esperanzada), cuando me impusiste el olvido... no me lo estabas haciendo " a mi". No.
Se lo estabas haciendo a una mujer que enamoraste porque sí, porque se te dio la gana.
Y yo lloraba, y yo sufría, preguntándome por qué a mi, por qué, por qué.
Te acusaba de no haberte dado cuenta del miedo que me provocaba tu actitud.
Un miedo de animalito acorralado, golpeado muchas veces y muchas veces escapado sin rumbo. No sé en que recoveco del camino me encontraste, ni con que ojos de asombro te miré, ni que milagro de que santo te inventé en las manos.
Pero en el arenal brotó una fuente, y al lado de la fuente creció una planta, y la planta dio una rosa. Yo corté la rosa y su olor perfumo el mundo. ¿Pero cuanto duro?. No, no lo pensé al cortarla.
Tal vez erróneamente creí que las rosas duraban para siempre, le inventé eternos pétalos y me la ofrecí a mi misma con candor de chiquilla.
Vos sabías, sin embargo, cuanto duran las rosas. Sólo que no dijiste. No, yo no te pregunte, no tenías una obligación de decirlo.
No juraste, no hiciste promesas, no me ofreciste nada.
Viviste con esplendor y con belleza un amor pequeñito.
Y ese esplendor me hizo pensar en siempre.
Y esa belleza me pareció sinónimo de eternidad, de profundidad.
Y ese amor pequeñito me pareció gigante.
La culpa fue de mi soledad; necesitaba creer en alguien, necesitaba enamorarme.
¿Si no hubieras sido vos? ¿Me hubiera enamorado de otro de todos modos?¿O HUBIERA CONTINUADO BUSCANDO Y BUSCANDO HASTA ENCONTRARTE, AL FIN?
No pienses que estoy haciéndote reproches. Oh, que torpe, como si alguna vez pensaras algo de mi. Como si te importara lo que escribo,
Fue un amor muy pequeño, y un olvido porfiado.
Fue un amor de juguete y un llanto desbordado.
Fue un amor pasajero en un tren detenido.
Fue un amor como un globo perdido en un plaza.
Eso, en la realidad. Pero cuando lo extraño, se convierte en un amor-alud, un amor-viento que va encendiendo rosas en los campos, en un amor-río que deja peces de oro en sus margenes, en un amor-verano que hace dulces frutas.